Paleontólogos revelaron una larva de mosquito de 99 millones de años preservada en ámbar birmano, el fósil de mosquito más antiguo conocido y el primer espécimen inmaduro del Mesozoico, según Phys.org. El fósil, llamado Cretosabethes primaevus, compartía muchos rasgos con las especies actuales, y los investigadores concluyeron que la larva probablemente vivió en pequeñas pozas de agua retenidas por huecos de árboles o axilas de hojas, hábitats que los mosquitos modernos todavía utilizan.

El ámbar provino del Valle de Hukawng en Myanmar, un sitio famoso por sus fósiles del Cretácico. Los científicos llamaron al hallazgo una rara coincidencia de suerte porque la resina típicamente atrapa insectos terrestres o voladores; para que una larva acuática se conservara, una gota de resina tuvo que caer directamente en un charco antes de endurecerse.

El estudio microscópico ubicó a Cretosabethes primaevus dentro de Sabethini, una tribu que incluye muchos mosquitos vivos en América tropical, Asia y África. Los fósiles de mosquitos del Cretáceo temprano pertenecían a la línea extinta Burmaculicinae y lucían muy diferentes, por lo que la nueva larva sugiere que los mosquitos extintos y modernos coexistieron hace casi 100 millones de años.

"Nuestros resultados proporcionan fuertes indicios de que los mosquitos ya se habían diversificado en el período Jurásico y que la morfología de sus larvas ha permanecido notablemente similar durante casi 100 millones de años", dijo André Amaral de la Universidad Ludwig-Maximilians de Múnich, según CNN Indonesia. Amaral agregó que es probable que la larva nadara y respirara de la misma manera que los mosquitos lo hacen hoy.

Antes de este hallazgo, los fósiles de mosquitos más antiguos eran adultos de aproximadamente la misma edad, pero sus etapas inmaduras eran desconocidas. El descubrimiento llena ese vacío y respalda estudios moleculares que sitúan los orígenes de los mosquitos hace más de 200 millones de años. "La falta de evidencia directa mantenía la hipótesis abierta a debate", señaló el equipo de investigación.

La postura del fósil y las estructuras respiratorias apuntan a ambientes de agua quieta como fitotelmata, cavidades de plantas llenas de agua, lo que indica que los mosquitos han explotado estos nichos desde el Cretácico. Una comparación anatómica detallada mostró que casi todas las características, desde los cepillos bucales hasta los ganchos abdominales, coinciden con las larvas modernas de Sabethini, subrayando la estabilidad morfológica a largo plazo del grupo.

Al establecer el nuevo género y especie Cretosabethes primaevus, los investigadores resaltaron tanto su antigüedad como su sorprendente similitud con sus parientes vivos.

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