Investigadores de la Universidad de Tel Aviv (TAU) creen haber resuelto el misterio centenario de las vasijas de arcilla en forma de cono, conocidas como cornetes, encontradas en cientos de sitios en Israel y Jordania, según un estudio de octubre de 2025.
El equipo de investigación, liderado por Sharon Zuhovitzky, Paula Waiman-Barak y Yuval Gadot, se enfocó en una colección de 35 vasijas completas y aproximadamente 550 fragmentos conservados en el Instituto Bíblico Pontificio en Jerusalén.
Los fragmentos habían sido excavados en el sitio arqueológico de Teleilat el-Ghassul cerca del Mar Muerto en Jordania entre 1931 y 1938.
Los cornetes, que tienen bases puntiagudas y no pueden mantenerse en posición vertical, son un fósil directeur del periodo calcolítico (aproximadamente 4,700-3,800 a.C.), lo que significa que son tan característicos de esa era que los arqueólogos los utilizan como un marcador diagnóstico para el periodo.
Usando escaneo 3D, análisis microscópico y experimentos arqueológicos prácticos para rastrear todo el "ciclo de vida" de las cornetas, los investigadores de la TAU creen que las cornetas se usaron como velas y se sostuvieron en alto durante procesiones ceremoniales, antes de ser ritualmente aplastadas y depositadas en pozos sagrados.
El análisis químico de la arcilla utilizada para hacer las cornetas confirmó que todas estaban hechas de materiales provenientes de algunos lugares cercanos al sitio de Teleilat el-Ghassul, lo que sugiere que no fueron hechas por alfareros profesionales, sino por individuos.
Esto reveló "un patrón previamente no documentado, el de vasijas producidas específicamente para una ceremonia por los propios participantes, posiblemente mientras se preparan para el clímax de la visita", según el estudio.
Probando la hipótesis
La pista más reveladora sobre la función de las cornetas vino de sus interiores, explicó el estudio, que fueron dejados deliberadamente ásperos y sin terminar por dentro, lo que sugiere que el interior siempre estaba cubierto por una sustancia sólida.
Un análisis químico adicional del interior de los cuernos de corneta mostró residuos de cera de abejas, confirmando aún más la hipótesis de los investigadores.
Para probarlo, se hicieron réplicas de los cuernos de corneta vertiendo velas de cera de abejas utilizando hilo de lino como mecha. Los resultados mostraron que las velas se encendían fácilmente, quemaban de manera estable en el viento y no producían hollín en el interior de los cuernos porque la cera solidificada mantenía la mecha centrada y alejada de los lados.
Además, se descubrió que las cuatro pequeñas patas perforadas en algunos de los cuernos, que anteriormente habían sido desestimadas como una mera decoración, resultaron estar perfectamente diseñadas para servir como asa, ya que proporcionaban una suspensión equilibrada y sin goteo.
"Un contexto cultual para los cuernos de corneta es ampliamente aceptado por los investigadores debido a su alta frecuencia en sitios identificados como destinados a ceremonias públicas", señaló el estudio, ya que "acumulaciones significativas de cuernos en ubicaciones específicas consideradas sagradas dentro de estos sitios apoyan esta noción".