Un estudio que podría influir en todo, desde la investigación del desarrollo infantil hasta el diseño de inteligencia artificial más natural, argumenta que el lenguaje humano no surgió de un avance evolutivo único, sino de la convergencia gradual de capacidades biológicas y aprendizaje cultural, según científicos israelíes.
Durante siglos, científicos y filósofos han intentado explicar cómo los humanos evolucionaron la habilidad de hablar, crear gramática y compartir significado. A pesar de que el lenguaje es una de las características definitorias de la especie humana, sus raíces han permanecido esquivas.
Científicos de la Universidad Hebrea de Jerusalén intentaron romper el estancamiento al unir hallazgos de lingüística, psicología, genética, neurociencia y comunicación animal, creando lo que los autores describen como un marco unificado para comprender la evolución del lenguaje.
Su estudio, recientemente publicado en la revista científica revisada por pares Science, argumenta que el lenguaje debe ser entendido como un fenómeno biocultural construido a partir de múltiples hilos evolutivos en lugar de un único punto de origen.
"Crucialmente, nuestro objetivo no era presentar nuestra propia explicación particular de la evolución del lenguaje", dijo la primera autora Inbal Arnon de la Universidad Hebrea de Jerusalén. "En cambio, queríamos mostrar cómo las perspectivas multifacéticas y bioculturales, combinadas con fuentes de datos recientemente emergentes, pueden arrojar nueva luz sobre viejas preguntas".
¿Cómo se desarrolló el lenguaje humano por primera vez?
Los investigadores argumentan que ninguna capacidad biológica o cultural aislada puede explicar el surgimiento del lenguaje. La comunicación humana, dicen, surgió de la intersección de habilidades como producir sonidos novedosos, reconocer patrones, formar vínculos sociales complejos y transmitir conocimiento dentro y entre generaciones. Esta interacción entre biología y cultura, creen, es esencial para comprender cómo el lenguaje se convirtió en el sistema ricamente estructurado que los humanos utilizan hoy en día.
"La naturaleza multifacética del lenguaje puede hacer que sea difícil de estudiar, pero también amplía horizontes para entender sus orígenes evolutivos", dijo el coautor Simon Fisher del Instituto Max Planck de Psicolingüística y la Universidad de Radboud. "En lugar de buscar esa única cosa especial que distingue a los humanos, podemos identificar diferentes facetas involucradas en el lenguaje, y estudiarlas de forma productiva no solo en nuestra propia especie, sino también en animales no humanos de diferentes ramas del árbol evolutivo".
Los autores advierten que la investigación a veces se ha estancado porque diferentes disciplinas científicas examinaron el lenguaje de forma aislada. Argumentan que avanzar en el campo requiere un enfoque integrado capaz de capturar la gama completa de fuerzas biológicas y culturales que dan forma a la comunicación.
Para ilustrar el valor de su marco de referencia, el artículo examina tres áreas donde una perspectiva biocultural ayuda a clarificar preguntas de larga data.
Un enfoque es el aprendizaje vocal, una habilidad crucial para el habla humana pero limitada entre nuestros parientes primates más cercanos. Especies como aves, murciélagos y ballenas muestran habilidades de aprendizaje vocal mucho más fuertes, y los autores dicen que esas comparaciones ofrecen ideas clave sobre la habla humana.
La investigación también destaca la lenta aparición de la estructura lingüística, afirmando que la gramática tomó forma a lo largo de generaciones a través del uso repetido y la transmisión cultural, un proceso evidente en el desarrollo de nuevos lenguajes de señas y en simulaciones de laboratorio.
El estudio también señala los cimientos sociales del lenguaje, observando que la fuerte inclinación de los humanos a compartir información sustenta la comunicación, aunque parece rara vez en otros animales.
Los hallazgos ofrecen varias implicaciones prácticas. Para intervenciones de lenguaje en la primera infancia, el marco sugiere que las dificultades en el habla o la comprensión pueden surgir de diferentes facetas subyacentes, como el aprendizaje vocal, el reconocimiento de patrones o la motivación social, lo que permite a los clínicos dirigir las terapias de manera más precisa en lugar de tratar el lenguaje como una habilidad única y uniforme.
El estudio también es relevante para la inteligencia artificial, indicando que los sistemas de comunicación se vuelven complejos no a través de un avance único, sino a través de la transmisión cultural gradual y la interacción social. Los modelos de IA diseñados para aprender de manera más interactiva y similar a los humanos podrían desarrollar habilidades de comunicación más naturales.
Además, el enfoque biocultural puede ayudar a los investigadores a comprender y diagnosticar mejor los trastornos de la comunicación al mostrar qué componentes específicos del lenguaje se descomponen en condiciones como el autismo, el trastorno del lenguaje en el desarrollo o la afasia, lo que lleva a tratamientos más enfocados y efectivos.