Mientras los ojos del mundo se centraban en las docenas de barcos que intentaban entrar en Gaza, entre bastidores, con una actuación oportuna y precisa, Israel logró neutralizar tanto a la Flotilla Global Sumud como su potencial explosivo.
En Israel, la flotilla se consideró un intento de crear una crisis de conciencia y política en vísperas de los debates sobre la aplicación de los componentes de la segunda fase del plan de paz para Gaza y de desviar la atención del esfuerzo internacional por hacer avanzar a Gaza hacia la siguiente etapa.
Las autoridades israelíes describieron una operación combinada, inusual por su alcance, en la que el Ministerio de Asuntos Exteriores —y no el portavoz de las FDI— tomó la iniciativa en la campaña de información.
«Esta ya es la quinta flotilla. Hemos aprendido la lección», afirmaron las autoridades israelíes. Según ellas, esta vez el desafío era más complejo: se trataba de una flotilla especialmente numerosa, que tenía previsto contar con unos 100 barcos, en lugar de una acción de menor envergadura como las que Israel ya había vivido anteriormente.
Cuanto más se acercaba la flotilla a la costa de Gaza, mayor habría sido el potencial de fricción operativa, política y mediática. Por lo tanto, según el funcionario, había sido necesario abordarla en una fase lo más temprana posible.