La creciente confrontación con Irán está poniendo a prueba uno de los principios fundamentales de la OTAN: la solidaridad interalianzas. Mientras el Presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, lidera un enfoque más firme, en cooperación con Israel, para frenar el progreso nuclear de Irán, los principales países europeos están adoptando una postura cautelosa, restringida y crítica.
Esta brecha no es meramente táctica, socava los cimientos de la alianza. Cuando Europa le dice a Trump: "esta no es nuestra guerra", a pesar de su compromiso de asistir a los Estados Unidos, subraya una división estratégica más amplia. La comparación es evidente: si el Presidente Franklin D. Roosevelt hubiera respondido de manera similar a las llamadas de Europa durante la Segunda Guerra Mundial, el destino del continente podría haber sido drásticamente diferente. Hoy en día, los sucesores de Hitler estarían gobernando toda Europa.
Una división estratégica: defensa regional vs confrontación global
Fundada en 1949 después de la Segunda Guerra Mundial, la OTAN fue diseñada como una alianza de defensa colectiva para proteger Europa Occidental y anclar la participación de Estados Unidos contra la amenaza soviética. Su principio rector, el Artículo 5, establece que un ataque a un miembro es un ataque a todos.
Sin embargo, hoy en día, la administración Trump busca expandir el papel de la OTAN más allá de la defensa, instando a un compromiso proactivo contra amenazas globales, siendo la principal de ellas Irán. Por el contrario, Europa sostiene que no todo conflicto fuera del continente justifica la intervención de la OTAN, abogando por la desescalada y la preservación de canales diplomáticos.
El resultado es una creciente división conceptual entre Washington y las capitales europeas.
La frustración en Washington está dirigida especialmente hacia países como el Reino Unido, Francia, Italia y España, a los que se percibe como que no están asumiendo su parte justa de la carga. Esta percepción está erosionando la confianza y cohesión dentro de la OTAN, transformándola de una alianza basada en valores a una asociación más condicional.
Trump ha dejado clara su posición: "Quienes no participen no pueden esperar una protección total". También ha enfatizado que "la amenaza iraní no es solo estadounidense, es occidental", mientras argumenta que Europa no está contribuyendo lo suficiente.
Ha pedido una participación activa de Europa, no solo apoyo retórico, y criticado la dependencia de condenas diplomáticas. Como parte de este impulso, ha propuesto aumentar el gasto en defensa al 5% del PIB e insinuado que la protección de EE. UU. puede no estar garantizada para los países que no cumplan.
<br>Entre la presión económica y la autonomía europea
Trump ha vinculado los compromisos de seguridad a las relaciones económicas, argumentando que EE. UU. está "perdiendo dos veces", tanto financiando la seguridad como registrando déficits comerciales. Su mensaje más amplio señala un cambio del multilateralismo a un enfoque transaccional: quienes no contribuyan pueden no recibir protección total.
Si bien es poco probable que EE. UU. retire completamente sus compromisos, indican signos de una presión creciente sobre Europa a corto plazo. A largo plazo, esta dinámica podría acelerar la búsqueda de "autonomía estratégica" de Europa, incluida una mayor cooperación en defensa interna.
OTAN: ¿crisis o transformación?
La OTAN no está al borde de un colapso inmediato, pero enfrenta una profunda crisis de identidad. La creciente brecha entre las demandas de Estados Unidos de una alianza más activa y lista para el combate, y la preferencia de Europa por un enfoque cauteloso y medido, podría llevar a cambios estructurales significativos.
En su núcleo, Trump busca transformar la OTAN en una alianza más comprometida más allá de Europa, con un mayor reparto de cargas. Mientras tanto, Europa parece estar moviéndose hacia una mayor independencia en defensa.
Si esta división persiste, es poco probable que la OTAN se desintegre, pero podría ser reformada de formas fundamentales.