En lo profundo del Océano Atlántico, los científicos han descubierto un mundo submarino misterioso y fascinante que podría tener la clave para entender el origen de la vida en la Tierra. El vasto campo de torres minerales, conocido como "La Ciudad Perdida", es el sistema hidrotermal más antiguo conocido en el océano. Los científicos creen que sus condiciones extremas reflejan las de la antigua Tierra y proporcionan pistas sobre cómo pueden haber aparecido las primeras formas de vida. Los científicos estiman que la Ciudad Perdida ha existido por más de 120,000 años, lo que la convierte en el campo de ventilación hidrotermal más antiguo jamás descubierto. En un avance reciente, los científicos pudieron recuperar una muestra de núcleo de roca del manto del sitio. Esta roca es una fuente profunda de la Tierra que alimenta el sistema de ventilación hidrotermal.

El núcleo de muestra puede ayudar a los científicos a comprender mejor las reacciones químicas que ocurren debajo del lecho marino, reacciones que producen hidrocarburos en ausencia de luz solar u oxígeno, sirviendo como alimento para la vida marina. Estas mismas reacciones pueden haber desempeñado un papel crucial en el surgimiento de la vida en la Tierra hace miles de millones de años.

En lo profundo del Océano Atlántico, los científicos han descubierto un mundo submarino misterioso y fascinante que puede contener la clave para entender el origen de la vida en la Tierra. El vasto campo de torres minerales, conocido como "La Ciudad Perdida," es el sistema hidrotermal más antiguo conocido en el océano. Los científicos creen que sus condiciones extremas reflejan las de la antigua Tierra y proporcionan pistas sobre cómo pudieron haber aparecido las primeras formas de vida. Los científicos estiman que la Ciudad Perdida ha existido durante más de 120,000 años, convirtiéndola en el campo de ventilación hidrotermal más antiguo jamás descubierto. En un avance reciente, los científicos pudieron recuperar una muestra de núcleo de roca del manto del sitio. Esta roca es una fuente profunda de la Tierra que alimenta el sistema de ventilación hidrotermal.

El núcleo de muestra puede ayudar a los científicos a comprender mejor las reacciones químicas que ocurren debajo del lecho marino, reacciones que producen hidrocarburos en ausencia de luz solar u oxígeno, sirviendo como alimento para la vida marina. Estas mismas reacciones pueden haber desempeñado un papel crucial en el surgimiento de la vida en la Tierra hace miles de millones de años.

(credit: D. Kelley/M. Elend/UW/Noaa/The Lost City Science Team)

La Ciudad Perdida está formada por impresionantes torres de roca de carbonato, algunas alcanzando hasta 60 metros de altura, formadas por una reacción geológica única llamada serpentinización, en la cual el agua de mar reacciona con la roca del manto profundo bajo el lecho marino. Algunas de estas torres han crecido hasta 60 metros durante decenas de miles de años. Estas reacciones liberan metano e hidrógeno, que alimentan la vida microbiana capaz de sobrevivir sin luz solar u oxígeno, un fenómeno muy raro en la Tierra. El sitio se encuentra a unos 15 kilómetros al oeste de la Cordillera del Atlántico Medio, ligeramente al sur de las Islas Azores. Su ubicación remota e aislada ha significado que no ha habido actividad humana allí durante miles de años, preservando un ecosistema que nos permite vislumbrar las condiciones de la antigua Tierra.

En cada respiradero hidrotermal en el sitio, se liberan fluidos alcalinos calientes. Estos fluidos crean un ambiente estable para la vida en uno de los rincones más extremos del planeta. Dentro de las altas chimeneas, los fluidos alcanzan temperaturas de hasta 90°C, no hirviendo, pero lo suficientemente cálidas como para permitir una variedad de reacciones químicas. Estos respiraderos producen hidrocarburos, compuestos orgánicos hechos de carbono e hidrógeno, que son considerados los bloques de construcción de la vida. Lo que hace a este sitio especialmente único es que sus hidrocarburos se forman a través de reacciones químicas en lo profundo de la Tierra, no a través de la luz solar o la fotosíntesis. Esto convierte a la Ciudad Perdida en un raro ejemplo de cómo la vida podría haberse originado.

Los microbios dentro de estas chimeneas viven en completa oscuridad, sin oxígeno, utilizando metano e hidrógeno como su único combustible. En las superficies exteriores de las estructuras, se pueden encontrar animales raros como camarones, caracoles, erizos de mar y serpientes de mar aferrados a las estructuras ricas en minerales. Los animales más grandes no son comunes en este sitio, probablemente porque el suministro de energía es limitado. A diferencia de los ecosistemas de la superficie, aquí no hay luz solar o una cadena alimenticia abundante, solo nutrientes químicos goteando de los respiraderos.

En lo profundo del Océano Atlántico, científicos han descubierto un mundo submarino misterioso y fascinante que podría contener la clave para entender el origen de la vida en la Tierra. El vasto campo de torres minerales, conocido como "La Ciudad Perdida", es el sistema hidrotermal más antiguo conocido en el océano. Los científicos creen que sus condiciones extremas reflejan las de la antigua Tierra y proporcionan pistas sobre cómo podrían haber aparecido las primeras formas de vida. Se estima que la Ciudad Perdida ha existido por más de 120,000 años, convirtiéndola en el campo de ventilación hidrotermal más antiguo jamás descubierto. En un reciente avance, los científicos lograron recuperar una muestra central de roca del manto del sitio. Esta roca es una fuente profunda de la Tierra que alimenta el sistema de ventilación hidrotermal.

La muestra central puede ayudar a los científicos a comprender mejor las reacciones químicas que ocurren debajo del lecho marino, reacciones que producen hidrocarburos en ausencia de luz solar u oxígeno, sirviendo como alimento para la vida marina. Estas mismas reacciones pueden haber desempeñado un papel crucial en la aparición de vida en la Tierra hace miles de millones de años.

La Ciudad Perdida está compuesta por impresionantes torres de roca carbonatada, algunas alcanzando hasta 60 metros de altura, formadas por una reacción geológica única llamada serpentinización, en la que el agua de mar reacciona con la roca del manto en las profundidades debajo del lecho marino. Algunas de estas agujas han crecido hasta 60 metros durante decenas de miles de años. Estas reacciones liberan metano e hidrógeno, que alimentan la vida microbiana capaz de sobrevivir sin luz solar ni oxígeno, un fenómeno muy raro en la Tierra. El sitio se encuentra a unos 15 kilómetros al oeste de la Dorsal Mesoatlántica, ligeramente al sur de las Islas Azores. Su ubicación remota y aislada ha significado que no ha habido actividad humana allí durante miles de años, preservando un ecosistema que nos permite vislumbrar las condiciones de la antigua Tierra.

En cada chimenea hidrotermal en el sitio, se liberan fluidos alcalinos calientes. Estos fluidos crean un ambiente estable para la vida en uno de los rincones más extremos del planeta. Dentro de las altas chimeneas, los fluidos alcanzan temperaturas de hasta 90°C, no hirviendo, pero lo suficientemente cálidos para permitir una variedad de reacciones químicas. Estas chimeneas producen hidrocarburos, compuestos orgánicos hechos de carbono e hidrógeno, que se consideran los bloques de construcción de la vida. Lo que hace a este sitio especialmente único es que sus hidrocarburos se forman a través de reacciones químicas en lo profundo de la Tierra, no a través de la luz solar o la fotosíntesis. Esto convierte a la Ciudad Perdida en un raro ejemplo de cómo la vida podría haberse originado.

Los microbios dentro de estas chimeneas viven en completa oscuridad, sin oxígeno, utilizando metano e hidrógeno como su único combustible. En las superficies externas de las estructuras, se pueden encontrar animales raros como camarones, caracoles, erizos de mar y serpientes marinas aferrados a las estructuras ricas en minerales. Los animales más grandes no son comunes en este sitio, probablemente porque el suministro de energía es limitado. A diferencia de los ecosistemas de la superficie, aquí no hay luz solar ni una cadena alimenticia abundante, solo nutrientes químicos goteando desde los respiraderos.

El microbiólogo William Brazelton le dijo a la revista Smithsonian: "Este es un ejemplo del tipo de ecosistema que podría estar activo en Encélado o Europa en este momento". Encélado y Europa son lunas de Saturno y Júpiter, respectivamente, y tienen océanos debajo de una corteza de hielo, lo que alimenta la esperanza de que exista vida similar más allá de la Tierra. Ahora, con renovada atención global, los científicos creen que la Ciudad Perdida podría ayudar a explicar cómo la vida surgió por primera vez a partir de materia no viva, un misterio que sigue sin resolverse en biología. Los científicos dicen que las chimeneas funcionan como laboratorios naturales, demostrando cómo la vida podría desarrollarse en entornos sin luz solar, plantas o animales.

Aunque la Ciudad Perdida en sí misma carece de materiales minables, áreas cercanas podrían ser objeto de minería en aguas profundas en el futuro, lo que plantea preocupaciones sobre la preservación de este sitio único. Mientras que la Ciudad Perdida en sí misma no contiene minerales de valor económico, las áreas circundantes tienen campos de ventilación que pueden contener sulfuros polimetálicos, materiales buscados por empresas mineras. Aquí es donde reside el peligro para preservar este sitio único.

En 2017, la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos (ISA por sus siglas en inglés) otorgó al gobierno polaco una licencia de exploración de 15 años para un área en la Dorsal del Atlántico Medio que incluye el área alrededor de la Ciudad Perdida. La minería cerca de los respiraderos hidrotermales puede revolver sedimentos, liberar sustancias químicas tóxicas o partículas que se desplazan a través de la columna de agua y dañar los ecosistemas cercanos, incluso si el sitio en sí no se ve directamente afectado.

El Convenio sobre la Diversidad Biológica ya ha designado a la Ciudad Perdida como un Área Marina Ecológicamente o Biológicamente Significativa (EBSA por sus siglas en inglés), debido a su singularidad, biodiversidad y valor científico. El estatus de EBSA brinda a los científicos un nivel de influencia para abogar por medidas de protección, aunque no confiere protección legal. Al mismo tiempo, la UNESCO está revisando el sitio para un posible estatus de Patrimonio Mundial, lo que podría ofrecer un respaldo internacional más fuerte contra la minería y la perturbación. Los científicos argumentan que tales esfuerzos de conservación son urgentemente necesarios. Una vez que los ecosistemas delicados como este son perturbados, es posible que nunca se recuperen, y corremos el riesgo de perder un ejemplo vivo y único de cómo la vida pudo haber comenzado en la Tierra.