Los medios digitales se han convertido desde hace tiempo en una parte inseparable de la vida de nuestros niños. Están en su bolsillo, en su habitación, en la escuela y a veces incluso en su corazón. Su impacto en el desarrollo emocional y social de los niños y adolescentes es tan profundo que se puede comparar con la importancia de las políticas públicas en áreas como las vacunas, los cinturones de seguridad o la prevención del tabaquismo. Sin embargo, a diferencia de esas áreas, aquí no hay una respuesta simple y única.

La investigación en Israel y en todo el mundo apunta simultáneamente al potencial de conexión, pertenencia y aprendizaje, pero también a razones reales de preocupación. Como padres, educadores y terapeutas, estamos obligados a navegar en un espacio en el que los límites entre el beneficio y el riesgo no siempre están claros.

¿Qué está sucediendo con nuestros niños en línea?

Las relaciones sociales son uno de los factores centrales en la salud mental y la calidad de vida. Ya en el primer año de vida, se forma el patrón de apego entre el bebé y el padre, y más tarde se construyen relaciones con amigos en entornos educativos. Pero hoy, junto con los encuentros cara a cara, los niños ingresan al mundo digital muy temprano: teléfonos inteligentes, juegos en línea, redes sociales.

El problema es que no todos utilizan los medios de la misma manera. Ni siquiera los niños de la misma edad. El ritmo de cambio es tan rápido que estamos presenciando brechas no solo entre generaciones, sino incluso entre hermanos. Hay niños para quienes la web les abre un mundo, y hay quienes se quedan rezagados, tanto social como emocionalmente.

En la clínica, surge un panorama diverso y complejo: Cada vez más padres describen a un niño que tiene "muchos amigos", pero todas las relaciones ocurren en línea. Los escuchan hablar, discutir e incluso gritar durante un juego en línea. Algunos de los amigos están en Israel y otros en el extranjero, y el propio niño experimenta estas conexiones como amistades profundas y significativas, incluso cuando el encuentro nunca ha tenido lugar cara a cara.

Este fenómeno no termina en la infancia. En la adolescencia también se forman "amistades" alrededor de juegos o contenido compartido. Al mismo tiempo, los padres describen la retirada: Dejar clases, deportes, movimientos juveniles. Menos encuentros, más pantalla. ¿Y qué pasa con los niños que no se conectan a la web? Pueden encontrarse excluidos, tanto del mundo digital como del social.

Los juegos y redes proporcionan una experiencia emocional poderosa: Competencia, emoción, victoria, frustración. Pero todo sucede a través de una pantalla. En edades en las que los niños supuestamente adquieren habilidades sociales básicas -leer expresiones faciales, entender señales no verbales, desarrollar empatía- se encuentran con avatares y personajes imaginarios.

Incluso si hay una voz humana al otro lado de la línea, algo del aprendizaje social profundo simplemente no ocurre. Es una pérdida silenciosa, pero significativa.

Entonces, ¿qué hacemos?

La tecnología no es el enemigo. Al contrario. Tiene muchas fortalezas y una verdadera capacidad para enriquecer vidas. Pero es una herramienta poderosa, y los niños necesitan a un adulto que medie, equilibre y establezca límites.

La solución no es la desconexión, sino vivir con los medios, y no solo dentro de ellos. Clases, deportes, movimientos juveniles, tiempo en la naturaleza, cultura y juego libre; todas estas actividades no son "actividades de enriquecimiento", sino infraestructura para un desarrollo emocional y social saludable. Los niños necesitan en primer lugar experiencias reales y relaciones cara a cara. Solo después, el aprendizaje crítico del mundo digital.

Al igual que con la nutrición o la actividad física, aquí también la clave es el equilibrio.

5 Consejos Simples (y Desafiantes) para Padres

  • Establezca áreas y horarios sin pantallas, para permitir una conexión familiar real.
  • Inicie reuniones sociales: las relaciones se construyen a través del tiempo compartido, el juego y la resolución de conflictos.
  • Fomente las actividades fuera del hogar: las clases, los deportes y los movimientos juveniles no son lujos.
  • Hable sobre el mundo digital: no solo sobre lo que está prohibido, sino también sobre por qué y cómo se utiliza.
  • Sea un ejemplo personal: los niños aprenden ante todo de lo que hacemos, no de lo que decimos.

En última instancia, nuestros hijos merecen más que una ilusión de conexión. Merecen conexión.

La Dra. Dalia Alony es una psicóloga educativa del Centro Académico de Derecho y Negocios en Ramat Gan.