La posibilidad de que Yahya Sinwar o Benjamin Netanyahu cambien de estrategia en un futuro inmediato parece extremadamente improbable. Ninguno de los dos líderes parece dispuesto a cambiar su línea de actuación, lo que podría conducir a resultados dudosos para ambos. Ninguno quiere que se hunda su última línea de defensa. 

Netanyahu ya se extralimitó en la campaña militar en la que está muriendo gente por su afirmación infundada de acabar con Hamás. Su conceptualización de la realidad ha desaparecido bajo una nube de humo emitida por el potente armamento de su ejército, suministrado por EE.UU., aunque con algunos recelos. Netanyahu se ha enemistado con el presidente de Estados Unidos, que le acusa con razón de mentir y de no mostrar cierto respeto a uno de los pocos partidarios que le quedan a Israel. Todo esto se suma a la desfachatez de Netanyahu de compararse con el poder del Tío Sam. Es un peón que intenta demostrar que es tan poderoso y tan inexpugnable como el rey.

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